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Mans, Estudio de Grabación es un proyecto promovido por la Fundación Paideia Galiza con los objetivos, entre otros , de colaborar en un sector emergente en Galicia y generador de bienes económicos y de empleos que es el audiovisual.

El Estudio de Grabación, es un espacio único en España por sus dimensiones, infraestructura y materiales; tiene 240 m2 y 10 metros de altura en su punto más alto, acondicionado con concha acústica, con materiales de última generación, y tratamiento integral para la absorción de la reverberación.

Al referirnos al sector audiovisual en Galicia, en la actualidad podemos considerar que estamos en un contexto de oportunidades, esperando así mismo, que este magnífico recurso contribuya como lanzadera de la producción tanto del eje del audio como de la musical, deseando que se pueda crear y afianzar en Galicia un yacimiento de desarrollo no sólo económico sino también cultural y social, así como fidelizar la realización de los productos cinematográficos en su conjunto para Galicia.


UNAS NOTAS SOBRE LA MÚSICA


No es fácil definir la música como no es fácil definir lo importante en la vida misma.

Nos es familiar la música como expresión de las percepciones y sentimientos más genuinos e íntimos de un pueblo, de un colectivo, de una persona. Comunica lo que somos, a lo que aspiramos, lo que sentimos y percibimos. Nos pregunta y nos da respuestas. Está preñada de mensajes en el más acá o el más allá de la palabra. O acompañando a la palabra, al cuerpo y a sus gestos. Música como libertad. Como expresión genuina de la mente despierta, sin barreras ni juicios. Bebe de la semilla de la creación y por eso dicen que es arte en estado puro... quizás mucho más que arte.

Siempre la música tuvo mucho de acto sagrado. Se usaba como puerta a un más allá, como vía de poder y de iluminación, como camino para llegar a la divinidad o incluso como instrumento de sanación. Incluso hoy conectamos, de alguna forma, con esta intuición o necesidad de trascender a través de la inmersión en determinadas músicas.

También a lo largo de la historia, la música era el texto sonoro del transcurrir del tiempo cotidiano. La música está acompañando íntimamente a la vida, minuto a minuto. Dicen los viejos, y es cierto, que antes se cantaba más. Se cantaba cuando se quería mostrar afecto, se cantaba para trabajar, cuando uno se enamoraba, cuando estaba triste, en las comidas y en los encuentros.

Pero la música, como facultad universal, como camino para poder saciar nuestra necesidad de expresarnos sigue teniendo muchas funciones. Funciones que hoy están en esferas que no existían antes y totalmente necesarias para la marcha de nuestro sistema de vida.

Así vemos la música como industria y comercio, como marca de identidad en los jóvenes, para diferenciarse de sus mayores y, en este sentido, marcar límites generacionales, vemos también la música para vencer los límites de las fronteras y las etnias, de ahí la fusión que es capaz de tender un puente vibrante y amoroso entre las formas de organizar el mundo de la música de los distintos pueblos de la Tierra. Y seguimos hablando de arte, de vínculo con nuestra esencia creadora.


MÚSICA HOY, ENTRE EL ARTE Y LA TÉCNICA


En el contexto global, como pasa con otras formas de comunicación humana, cobra una relevancia fundamental cuestiones como la tecnología, como el estudio del sonido musical. De hecho, en los útimos 10 años el progreso de las nuevas técnicas de grabación aplicada a la música dio un paso tan importante que puso en jaque la propia industria de la cultura y del entretenimiento musical, establecida gracias a progresos similares.

Pero la música en sí no se da por aludida. Los músicos siguen trabajando pese a todos los cambios. Porque, como apuntamos, es un incesante proceso creativo. Es alimento para el espíritu para los que la hacen y para los que la disfrutan. No depende su existencia de esa coyuntura. Además las crisis son pasajeras y, en esencia, señalan evolución y cambios que nos ayudan a reconstruir. Los músicos no se van a parar a esperar a que la industria se recupere. Cada día nacen más. Si no es aquí, es en otro lado. Y cada vez más preparados, y empujan.

Y como toda actividad humana, la música también nace del esfuerzo, sumado a la inspiración. Así desde que se escribe hasta que se escucha, participan muchas personas y muchos espíritus creativos en plena sintonía emocional.

Igor Strawinsky lo definió de una manera muy clara: “los elementos sonoros no constituyen la música sino al organizarse, y esta organización presupone una acción consciente del hombre”. Como acción consciente y parte de esa organización, están las técnicas de producción musical, decisiones que se mueven en la, en ocasiones, poco nítida frontera entre lo artístico y lo técnico. Hay que reconocer que esto último forma parte ya de nuestra cultura, como lo es por ejemplo la música para el cine, que ya se concibe para ser registrada.


MÚSICA Y CINE


Tenemos entonces dos actividades primordiales vinculadas a nuestra forma de entender el ocio y el entretenimiento hoy. La música y el cine. De hecho, desde los inicios del cine la música que acompañaba a la imagen se concebía como mala inversión económica por los costes que suponían. Esta concepción fue cambiando y hoy en día se toma como un excelente negocio en aquellos casos que por la calidad y nivel de la producción musical puede llegar a suscitar un gran interés, incluso llegando a convertirse en la “marca de identificación “ o referente de la parte visual .¿Quién no recuerda hoy en día numerosas películas por su música?

De la misma forma que el vestuario, la fotografía, el guión, etc, son ejes esenciales de una producción cinematográfica, la música tiene que ser concebida como parte fundamental e imprescindible que condiciona la consecución de un excelente producto final audiovisual.


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